EL SEAT PANDA
AMARILLO
Érase una vez un chico de 18 años que tenía un sueño, quería sacarse el
carné de conducir. Pero había un problema, el pueblo donde vivía estaba situado
en un valle cántabro a 90 Km de Santander, donde se localizaba la autoescuela
más cercana.
Jaime derrotado por el hastío de tanta monotonía, decidió emprender un
viaje hasta Santander para cumplir su sueño, cogió su mochila, la llenó de
comida y ropa para abrigarse e inició su maravillosa aventura.
Como era invierno, todas las carreteras de acceso al pueblo estaban
cortadas a causa de las fuertes y abundantes nevadas que cada año caían sobre
la villa. Solo había una manera de salir del valle, por un viejo caminito de
pastor. Jaime cogió fuerzas y empezó a caminar. Al cabo de un rato, paró para
comer, y mientras comía se le acercó una ardilla, él le dio un poco de comida y
ella se subió a su hombro. Después de comer, Jaime y su nueva amiga,
continuaron su viaje. Todo iba bien hasta que en medio del camino apareció un
muro gigante y extremadamente resbaladizo a causa del hielo invernal, por
tanto, había ínfimas posibilidades de escalarlo. Cuando Jaime estaba a punto de
desfallecer, la ardilla encontró una vieja cuerda. De inmediato él la ató al
muro y empezó a trepar. Cuando llegó a lo alto del muro, Jaime se paró para ver
a su alrededor: ¡al final del camino había un SEAT Panda amarillo parado! Corrió
en dirección al coche y le pidió al conductor si le podía acercar hasta
Santander. El conductor afirmó y le llevó hasta junto ante la puerta de la
autoescuela.
Dos meses después, Jaime se sacó el carné de conducir y quiso celebrarndolo regresando a su pueblo en su propio coche. Pero con el dinero que tenía solo le
daba para escoger entre dos modelos: un SEAT Panda amarillo o un FORD Fiesta
verde. Su decisión fue … más que clara.
Roger Robert y Lluc Vicens.